
La vida de Liz Murray es un
triunfo sobre adversidad y un
ejemplo imponente de la
importancia de soñar en grande.
Liz Murray nació en septiembre de 1980, en Bronx, cuando su padre estaba en prisión y su madre al igual que él era adicta a las drogas.
La niñez de Liz como la hija de padres adictos a la cocaína en el Bronx era amargamente severa. Nunca había alimento en la casa, todo era asqueroso, las drogas estaban por todas partes, y los cheques de bienestar social ya estaban gastados antes de que llegaran.
A los 16 años cuando su madre murió y su padre se trasladó a vivir a un refugio; ella debió sobrevivir en las cercanías del metro de Nueva York.
En medio de este dolor, Liz se imaginaba siempre que su vida podría ser mucho mejor de lo que era, ella dice, “Sabía, después de superar esos obstáculos diarios, nada podría detenerme.”
Murray ahora comparte su testimonio por el mundo al estilo de mendigo a millonario, habla de cómo la vida es maleable, se puede estar estable un momento y desamparados el siguiente. Espera que su experiencia haga que otros consideren la posibilidad del cambio en sus propias vidas. "Al sufrir, tuve que ver que las cosas podrían ser diferentes. Comencé a comprender el valor de la vida de las lecciones de la calle". “No hay principio ni final en la lucha”, dice Murray.
Con ambos padres en el vicio de las drogas ella tuvo que luchar por el alimento y el abrigo en una edad muy joven. Cuando hizo el primer intento de salir de la pobreza, el resentimiento hacia los ricos estuvo en su contra, la mentalidad de pobreza la retuvo. En las calles de Nueva York, ella vio a señoras llevar bolsos de Gucci y de Chanel en la misma esquina en la cual los adolescentes en ropa sucia pedían monedas para sobrevivir. A costa de todo, ella supo obtener la fuerza para moverse hacia adelante.
Un momento crucial importante fue haber perdido a su madre con SIDA. Ella apenas tenía 16 años, pero esta pérdida la llevó a una seria meditación. "La muerte le sacude y hace que usted reconsidere lo que está haciendo con su propia vida. Decidí vivir cada día con un propósito”.
Sus amigos la dejaban pasar la noche en sus hogares. "No vivía en una caja en la esquina de calle, " dijo ella. También tenía la ayuda de un profesor de escuela, Perry Weiner, quien creyó en su potencial.
Determinada a tomar la responsabilidad de su vida, a menudo, durmió en los subterráneos, en vestíbulos o en el parque, pero ella estudiaba siempre que le era posible, usando los auriculares para bloquearse del mundo. Durante sus estudios no contó a nadie donde vivía para evitar que la enviaran a un orfanato.
Obtuvo su diploma de secundaria en apenas dos años, porque se adentró en los estudios por las tardes y noches “para recuperar el tiempo perdido” durante esos años. Ganó a través del New York Times una beca para estudiantes necesitados, en el otoño del 2000 fue aceptada en Harvard. En el 2003 se cambia a la Universidad de Columbia para estar más cerca de su padre y cuidarlo pues estaba enfermo de Sida. Después de un corto período en la universidad de Columbia quiso regresar a Harvard para terminar su carrera.
“La gente necesita hacer que el cambio sea un proceso. Todo lo que quieres necesita un poco de fe y de acción.”
La autobiografía de Liz fue motivo de una serie televisiva que en el 2003 fue nominada al premio Emmy y donde ella participó como coproductora. Su personaje fue interpretado por Thora Birch y Murray hizo el papel de una trabajadora social.
El testimonio de Murray, “From Homeless to Harvard” (de la calle a Harvard) ha dado esperanza a pequeños y grandes de innumerables países donde se ha expuesto.
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