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Geometría
Sagrada
Gisela
García
mandalamistico@gmail.com
La
Geometría Sagrada es el lenguaje que Dios utiliza para crear.
Platón decía: Dios geometriza. Podemos también
afirmar que es una ciencia que estudia la armonía entre el
individuo y el cosmos.
La geometría sagrada es una metáfora de la ordenación
del Universo, estudia las proporciones, patrones, sistemas, códigos
y símbolos que representan la fuente de vida de la materia
y del espíritu. Es la huella digital de la Creación,
el nacimiento de todas las formas.
Algunos autores se refieren a la Geometría Sagrada como una
forma de abrir el corazón y evolucionar la conciencia a través
de los modelos geométricos. Esta enseñanza, se dice
que comenzó en Egipto y luego en la antigua Grecia y sus
fundamentos han sido practicados por diversas civilizaciones.
La importancia de la Geometría Sagrada es la de equilibrar
los dos hemisferios del cerebro. Nuestras experiencias meditativas,
la intuición y la creatividad ocurren en el hemisferio derecho,
que rige lo intuitivo, lo emocional y lo sensitivo y se relaciona
con la energía femenina. Nuestro hemisferio izquierdo está
vinculado con el pensamiento lógico y matemático.
Te doy este ejemplo para ilustrar como trabajan nuestros hemisferios:
cuando tenemos alguna experiencias místicas como pudiera
ser una meditación, ésta es procesada en nuestro hemisferio
derecho haciéndonos sentir en un estado de paz, serenidad
y bienestar, pero al salir de este estado y tratar de analizar lo
vivido, emerge nuestro hemisferio izquierdo que no está entrenado
para involucrarse con la experiencia espiritual y comienza un proceso
de pensamiento lógico, el cuestionamiento y se aleja de la
vivencia mística, recurriendo a la razón. De esta
forma concluimos que la experiencia vivida fue producto de la imaginación
porque el pensamiento lógico no consiguió un marco
referencial o de información que le diera significado racional
a la experiencia interna.
La Geometría Sagrada permite esta sincronicidad de los dos
hemisferios ya que la percepción de las imágenes,
los colores, las formas, las experiencias místicas y los
niveles meditativos que se alcanzan con la contemplación
o la realización de dibujos mandálicos, son procesos
que se realizan en el hemisferio derecho. Todo lo relacionado con
la geometría, que implica matemática, ordenamiento
espacial, proporciones, iconografía y razonamiento está
procesado por el hemisferio izquierdo. De esta forma el hemisferio
izquierdo se involucra con la experiencia mística y no la
cuestiona, no la sabotea, al contrario, la apoya porque
consigue un marco lógico, una comprensión intelectual
para explicar estados más sutiles del ser.
En la ciencia vemos como la Geometría Sagrada es la matriz
para crear la vida. El ADN, cuya función es la preservación
de la vida, tiene una forma helicoidal basada en una espiral de
dodecaedros desdoblados. Los patrones geométricos se encuentran
en las moléculas de todos los elementos físicos, en
las fórmulas químicas, en las ondas de los sonidos
en
cada partícula de nuestro complejo universo. Sin la Geometría
Sagrada que forma el ordenamiento de los átomos en los elementos
como el oxígeno, el carbono, el hidrógeno, el nitrógeno
y el magnesio no existiría la vida como la conocemos.
Cuando activamos conscientemente una serie de proporciones geométricas
primas o llamadas sagradas en nuestro cuerpo nos sintonizamos
con la red geométrica armónica del Universo. En cada
punto del cuerpo donde hay energía transmitida o recibida
se activan Mandalas tridimensionales, que van cambiando, así
como cambian nuestros pensamientos. Por eso se concluye que activando
la Geometría Sagrada interior activamos la espiral dorada
que ayuda al corazón a expandirse y a conectarse al campo
unificado de energía universal que nos permite ser parte
de la red global de conciencia.
Las figuras geométricas más sagradas son los cinco
sólidos platónicos, el círculo y la espiral.
Los sólidos platónicos son: el tetraedro, el icosaedro,
el cubo, el dodecaedro, el octaedro y las espirales: la Áurea
y la Fibonacci.
Los sólidos platónicos son llamados así porque
Platón fue el primero en estudiar a profundidad su geometría
y asignarle características metafísicas. Ellos son
la base de la construcción de la materia. Los sólidos
platónicos son formas completamente simétricas que
tienen lados y ángulos iguales y que todos caben dentro de
la matriz universal que es la esfera.
El Tetraedro tiene 4 caras triangulares, 4 vértices y 6 aristas.
Es el símbolo de la sabiduría y la manifestación.
Su elemento es el fuego y se asocia con el Chakra del Plexo Solar.
El Cubo o Hexaedro tiene 6 caras cuadradas, 8 vértices y
12 aristas. Es el símbolo de la conexión con la vida
y la naturaleza, ratifica nuestros propósitos en el plano
físico. Su elemento es la tierra y se asocia con el Chakra
Raíz.
El Octaedro tiene 8 caras triangulares, 6 vértices y 12 aristas.
Es el símbolo de la integración, de la perfección
de la materia por el espíritu. Su elemento es el aire y se
asocia al Chakra Cardíaco.
El Icosaedro tiene 20 caras triangulares, 12 vértices y 30
aristas. Es el símbolo de la transformación, de la
forma del universo y del poder masculino. Su elemento es el agua
y se asocia con el segundo Chakra llamado Esplénico que se
ubica en el ombligo.
El Dodecaedro tiene12 caras pentagonales, 20 vértices y 30
aristas. Es el símbolo de la ascensión, del poder
femenino de la creación y la forma madre Gaia, es el quinto
elemento: el Ether y se asocia con los Chakras superiores: quinto,
sexto y séptimo.
La creación juega transformando de una forma a otra, intercambiando
el icosaedro masculino con el dodecaedro femenino, pasando por los
otros sólidos geométricos.
Como dijimos anteriormente existen dos espirales: la Áurea
y la Fibonacci.
La Áurea es una espiral cósmica, como nuestra galaxia,
no tiene principio ni fin. También llamada la divina
proporción, se basa en el número áureo
o phi que tiene un valor de 1,618. Este número se repite
indefinidamente en la naturaleza y parece ser un valor creador y
ordenador del universo. Este valor se ha encontrado tanto en un
caparazón de un molusco hasta en la estructura de las galaxias.
Ha sido utilizado también por muchos creadores y artista
para conseguir la perfección: Leonardo Da Vinci, Beethoven
en su Quinta Sinfonía, Dalí y muchos otros.
La Fibonacci es una espiral que comienza en un punto determinado
y sigue una proyección aritmética, fue concebida por
Leonardo Pisiano en 1202, y fue descubierta observando como una
proporción se repetía constantemente en el crecimiento
de las especies. Esta se basa en la suma de los dos términos
anteriores, cualquiera que sean éstos: 1, 1, 2, 3, 5, 8,
13, 21, 35
. etc. Si dividimos cualquier número con
el inmediato anterior de la proporción, nos volvemos a conseguir
con el Phi con un valor de 1.6180339, coincidiendo con la proporción
Áurea. Este número es uno de los tres números
irracionales de mayor importancia en la matemática y es infinito.
La importancia de las espirales es que éstas representan
la energía que genera el corazón cuando ama. Hay un
paralelismo entre estas espirales como matrices de expansión
de nuestras conciencias y la conexión que se logra con el
universo.
Las Figuras Sagradas
La Geometría Sagrada nos ha permitido estudiar cómo
las figuras geométricas nos conectan a una red universal
de energía y producen armonía y perfección
en nuestras vidas.
Pero no sólo los sólidos platónicos como el
tetraedro, el icosaedro, el cubo, el dodecaedro, el octaedro y las
espirales Áurea y Fibonacci nos permiten conectarnos con
esta fuerza creadora del universo, también están otras
formas sagradas como son: La Flor de la Vida, La Vésica Piscis,
La Semilla de la Vida o el Huevo de la Vida, El Cubo Metratón,
El Árbol de la Vida y La Estrella Tetraédrica. Cada
una de ellas posee una extraordinaria sabiduría y constituyen
un eslabón de una estructura compleja donde se genera todo
lo existente en el universo.
Revisemos cada una de estas geometrías:
La Flor de la Vida es la matriz geométrica de donde se genera
la creación, es un Mandala de 19 círculos perfectos
y entrelazados en forma de pétalos o para ser más
específicos de la figura sagrada Vésica Piscis. La
Flor de la Vida es la síntesis de la geometría sagrada
y de allí parten todos los patrones que la naturaleza utiliza
para crear todo lo que existe.
La Vésica Piscis es una figura poderosísima que se
forma al intersectar dos círculos, en el centro se forma
como una especie de pétalo. La Vésica Piscis tiene
varios contenidos simbólicos ya que su forma se puede leer
de muchas maneras. Una de éstos es el de la dualidad o polaridad,
el principio masculino y femenino y en su centro una ventana a estados
más sutiles del ser, su forma se asocia a la vagina o a los
ojos humanos.
La Semilla de la Vida o el Huevo de la Vida, es el principio del
Génesis. Simboliza la fecundación del óvulo
y la mitosis de las células. Esas primeras células,
se dice, que no se renuevan como lo hacen las otras cada siete años,
ellas quedan con nosotros hasta que desencarnamos. En ellas está
toda la programación del cuerpo físico. De esta geometría
surge la Flor de la Vida como expresión avanzada de la creación.
El Cubo Metratón es una geometría basada en 13 esferas,
en su interior se encuentran los sólidos platónicos
y contiene toda la información del universo en él
se encuentra todas las infinitas posibilidades que existen en nuestra
realidad tangible.
El Árbol de la Vida es una figura geométrica muy antigua,
formada por un tetraedro, un hexaedro y un dodecaedro. Los cabalistas
se han dedicada a su estudio. Esta geometría representa las
pautas de la evolución. Cada uno de los vértices simboliza
un atributo de Dios y también tiene un paralelismo con el
sistema digestivo, el endocrino y el nervioso.
La Estrella Tetraédrica es la estrella de David en tres dimensiones
y es la base del vehículo de la luz que impulsa a la Mer-ka-ba
para viajar a la cuarta dimensión. Se le llama también
El Sello de Salomón y se dice que éste
aprendió a meditar dentro de esta geometría y de allí
provenía su sabiduría.
Todas estas figuras encierran una sabiduría milenaria, cada
una de ellas, maneja una información específica que
nos permite acceder a nuestra alma y recordar la maestría
que habita en nosotros.
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