La primera revista de autoayuda y crecimiento personal de Venezuela
Edición No. 59

 






Hijos del Amor,
Hijos de la Consciencia


Andrés Martínez


En los libros de texto de la educación básica cuando fuimos estudiantes, encontramos una cita, que si mal no recuerdo, bien decía que la función del hombre (entiéndase ser humano ), es la de nacer, crecer, multiplicarse y morir. Según eso, podemos equipararnos a cualquier forma viva en el planeta, ya que todas siguen el patrón aquí descrito. Afortunadamente también hemos descubierto que somos algo o mucho más que esa regla básica, y que poseemos otras cualidades que determinan amplias diferencias con el resto de los seres vivos, entre ellas la capacidad de modificar para bien o para mal nuestro entorno y la segunda la capacidad de sentir y poder expresar nuestros sentimientos y emociones cualquiera sea su naturaleza, por cierto, es importante resaltar que los últimos aportes de los estudios de la naturaleza han destacado que esa capacidad no es exclusiva de los humanos, y han demostrado que otros mamíferos superiores como los primates y los delfines entre otros, también expresan sus emociones.
Con respecto a la primera capacidad humana, y que si es muy nuestra, nos ha permitido el desarrollo y el ingenio de diversidad de artefactos, mecanismos y maquinarias que han hecho mas cómoda nuestra vida, pero que también han contaminado el único hábitat que tenemos. Volviendo a la premisa con la que se inició este artículo y según la cual seguimos una especie de patrón automático de vida, podríamos suponer que ello es válido para los primeros humanos sobre la tierra, producto de un guión masine, responder al entorno casi como cualquier otro animal. Pero, como resultado del proceso evolutivo de las especies existen dos variables que definitivamente nos hacen diferentes del resto de los seres vivos; la primera es la capacidad de modificar el entorno, la segunda y más importante, es la que tiene que ver con nuestra capacidad de amar y ser amados.
No es intención disertar sobre el amor como un sentimiento universal, pues ello nos alejaría del tema central de este artículo, aquí nos referiremos al amor que está presente cuando una pareja, bajo el mecanismo fisiológico del sexo, concibe un hijo. Cuántos de nosotros hemos sido concebidos con amor, entendiendo por amor aquella relación consciente en donde la pareja se entrega el uno al otro sin esperar recibir nada, en donde se establece una unión pero de interdependencia, que respeta el espacio vital de cada uno, el ser íntimo que cada uno es, y desde esa perspectiva en un momento de la vida, deciden razonadamente traer la vida al mundo.
Los hijos del amor consciente, al ser deseados, serán en el futuro personas centradas en sí mismas, claras en su papel, definidas en su personalidad y adecuadas a las exigencias de la vida en sociedad. Por otro lado, cuantos de nosotros habremos sido concebidos como consecuencia de una relación basada únicamente en la sexualidad, o producto de una violación, o de una unión incestuosa, no deseados, o hasta fuimos la causa de un matrimonio por aquello de cubrir las normas sociales. Otros podremos ser también producto de cualquiera de las situaciones descritas pero con un ingrediente adicional como las drogas o el alcohol. Cuántas madres no habrán pasado momentos de gran angustia durante los nueve meses de gestación en cualquiera de las situaciones nombradas. Los hijos producto de la inconsciencia llegan al mundo con desventajas, pues toda la carga emotiva vivida por la madre durante su embarazo, ha sido percibida en útero por el feto, lo que de alguna manera repercutirá en su posterior desarrollo y forma de relacionarse en la vida. Por último quiero dejar sentado que el ser hijo del amor o de la inconsciencia no constituye por sí solo un determinante de lo que será la vida posterior de un individuo como adulto, pues son muchas las variables y factores de todo tipo que pueden intervenir en el proceso de crecimiento y desarrollo de un ser humano, lo que sí es evidente, es que los hijos del amor tienen ventajas competitivas que de alguna forma le permitirán estar más a tono con esa compleja realidad social que es la vida y en última instancia el asumir conscientemente el rol de padres y el traer los hijos bajo ese hermoso sentimiento que es el amor, estoy seguro que contribuirá de alguna forma para desacelerar el crecimiento de la población mundial, como también a contar en un futuro próximo con ciudadanos del mundo más conscientes.



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