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Hijos
del Amor,
Hijos de la Consciencia
Andrés Martínez
En
los libros de texto de la educación básica cuando
fuimos estudiantes, encontramos una cita, que si mal no recuerdo,
bien decía que la función del hombre (entiéndase
ser humano ), es la de nacer, crecer, multiplicarse y morir. Según
eso, podemos equipararnos a cualquier forma viva en el planeta,
ya que todas siguen el patrón aquí descrito. Afortunadamente
también hemos descubierto que somos algo o mucho más
que esa regla básica, y que poseemos otras cualidades que
determinan amplias diferencias con el resto de los seres vivos,
entre ellas la capacidad de modificar para bien o para mal nuestro
entorno y la segunda la capacidad de sentir y poder expresar nuestros
sentimientos y emociones cualquiera sea su naturaleza, por cierto,
es importante resaltar que los últimos aportes de los estudios
de la naturaleza han destacado que esa capacidad no es exclusiva
de los humanos, y han demostrado que otros mamíferos superiores
como los primates y los delfines entre otros, también expresan
sus emociones.
Con respecto a la primera capacidad humana, y que si es muy nuestra,
nos ha permitido el desarrollo y el ingenio de diversidad de artefactos,
mecanismos y maquinarias que han hecho mas cómoda nuestra
vida, pero que también han contaminado el único hábitat
que tenemos. Volviendo a la premisa con la que se inició
este artículo y según la cual seguimos una especie
de patrón automático de vida, podríamos suponer
que ello es válido para los primeros humanos sobre la tierra,
producto de un guión masine, responder al entorno casi como
cualquier otro animal. Pero, como resultado del proceso evolutivo
de las especies existen dos variables que definitivamente nos hacen
diferentes del resto de los seres vivos; la primera es la capacidad
de modificar el entorno, la segunda y más importante, es
la que tiene que ver con nuestra capacidad de amar y ser amados.
No es intención disertar sobre el amor como un sentimiento
universal, pues ello nos alejaría del tema central de este
artículo, aquí nos referiremos al amor que está
presente cuando una pareja, bajo el mecanismo fisiológico
del sexo, concibe un hijo. Cuántos de nosotros hemos sido
concebidos con amor, entendiendo por amor aquella relación
consciente en donde la pareja se entrega el uno al otro sin esperar
recibir nada, en donde se establece una unión pero de interdependencia,
que respeta el espacio vital de cada uno, el ser íntimo que
cada uno es, y desde esa perspectiva en un momento de la vida, deciden
razonadamente traer la vida al mundo.
Los hijos del amor consciente, al ser deseados, serán en
el futuro personas centradas en sí mismas, claras en su papel,
definidas en su personalidad y adecuadas a las exigencias de la
vida en sociedad. Por otro lado, cuantos de nosotros habremos sido
concebidos como consecuencia de una relación basada únicamente
en la sexualidad, o producto de una violación, o de una unión
incestuosa, no deseados, o hasta fuimos la causa de un matrimonio
por aquello de cubrir las normas sociales. Otros podremos ser también
producto de cualquiera de las situaciones descritas pero con un
ingrediente adicional como las drogas o el alcohol. Cuántas
madres no habrán pasado momentos de gran angustia durante
los nueve meses de gestación en cualquiera de las situaciones
nombradas. Los hijos producto de la inconsciencia llegan al mundo
con desventajas, pues toda la carga emotiva vivida por la madre
durante su embarazo, ha sido percibida en útero por el feto,
lo que de alguna manera repercutirá en su posterior desarrollo
y forma de relacionarse en la vida. Por último quiero dejar
sentado que el ser hijo del amor o de la inconsciencia no constituye
por sí solo un determinante de lo que será la vida
posterior de un individuo como adulto, pues son muchas las variables
y factores de todo tipo que pueden intervenir en el proceso de crecimiento
y desarrollo de un ser humano, lo que sí es evidente, es
que los hijos del amor tienen ventajas competitivas que de alguna
forma le permitirán estar más a tono con esa compleja
realidad social que es la vida y en última instancia el asumir
conscientemente el rol de padres y el traer los hijos bajo ese hermoso
sentimiento que es el amor, estoy seguro que contribuirá
de alguna forma para desacelerar el crecimiento de la población
mundial, como también a contar en un futuro próximo
con ciudadanos del mundo más conscientes.
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