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La zanahoria es una gran fuente de vitamina A, cuyas necesidades diarias pueden ser casi que totalmente suplidas con 100 gramos de esta legumbre.
Esta vitamina contribuye para el buen estado de la vista, la piel y de las mucosas. Además, la zanahoria contiene muchos minerales, como Fósforo, Cloro, Potasio, Calcio y Sodio, necesarios para el buen equilibrio del organismo, y vitaminas del complejo B, que ayudan a regular el sistema nervioso y la función del aparato digestivo.
Cruda, rayada y bien lavada, la zanahoria limpia los dientes y fortalece los músculos masticadores. Su jugo o el caldo concentrado de su cocimiento adicionado a la miel o jugo de limón es óptimo para curar la bronquitis. Es indispensable para las gestantes y lactantes, pues mejora y aumenta el volumen sanguíneo que, consecuentemente, aumenta y mejora la producción de leche.
La zanahoria funciona como laxante, su jugo combate el dolor de vientre, favorece el buen funcionamiento del hígado, purifica la bílis, ayuda en la cura de la ictericia, además de ser un buen remedio para las enfermedades de los bronquios y pulmones.
La zanahoria es una de las legumbres que se conserva por largo tiempo, y su sabor, levemente dulce, combina con muchos otros alimentos, la cual puede ser preparada como sopa, ensaladas, cremas, suflés o dulces.
Por ser tan nutritiva se recomienda su consumo por lo menos tres veces por semana.
En el momento de comprarla se debe escoger zanahorias lisas y firmes, sin irregularidades o arrugas y con el color uniforme (las manchas verdes dan un sabor fuerte y desagradable).
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