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La
mala suerte no existe
Luz Stella Rozo
Cuando nos convenzamos de que la mala suerte no existe, dejará
de perseguirnos. Porque lo que no existe, no puede andar detrás
de uno o con uno. Así de simple. A partir de este principio,
usted, querido lector comprenderá que el subconsciente traducirá
en su equivalente físico un impulso de pensamiento de naturaleza
negativa o destructiva con tanta facilidad como actuaría
con pensamientos de naturaleza positiva o constructiva. Esto explica
el extraño fenómeno del porqué millones de
personas experimentan el denominado infortunio o mala suerte.
Hay millones de personas que se creen (se han autoconvencido, o
se han dejado convencer) que están condenadas a la pobreza
y al fracaso por culpa de una fuerza extraña que creen no
pueden controlar y no se dan cuenta que en realidad, son ellos mismos
los creadores de su propio infortunio a causa de esas creencias
negativas que han adoptado en su subconsciente y que la mente adopta
y traduce en su equivalente físico.
Deseo que esta lectura lo convenza de que éste es el momento
perfecto para que usted entienda y asimile en su subconsciente que
la mala suerte y el fracaso no existen como algo determinante en
la vida de alguien. El fracaso es un estado temporal. No se empeñe
en hacerlo crónico. Convénzase de que usted puede
cambiar su vida transmitiendo a su subconsciente cualquier deseo
que quiera hacer realidad, ya sea un estado monetario, de esperanza
o convicción de que la transmutación de algo será
una realidad. Su convicción o su fe, determinan la reacción
de su subconsciente. No hay nada que le impida sugestionar a su
subconsciente al darle instrucciones a través de la autosugestión.
Para llevar a cabo estos actos de prestidigitación
con su subconsciente, compórtese tal como lo haría
si ya estuviera en posesión de lo que quiere alcanzar, de
lo que está pidiendo. Su subconsciente traducirá en
su equivalente físico, por el medio más práctico
y directo, cualquier orden que se le de en un estado de fe y de
convicción.
Es esencial que usted estimule sus fuerzas positivas como fuerzas
dominantes de su mente y quite importancia y elimine las emociones
negativas.
Una mente dominada por emociones positivas se convierte en morada
ideal de la fe. Una mente dominada puede voluntariamente darle al
subconsciente instrucciones que éste ejecutará de
inmediato.
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