La primera revista de autoayuda y crecimiento personal de Venezuela
Edición No. 85

 






La mala suerte no existe
Luz Stella Rozo


Cuando nos convenzamos de que la mala suerte no existe, dejará de perseguirnos. Porque lo que no existe, no puede andar detrás de uno o con uno. Así de simple. A partir de este principio, usted, querido lector comprenderá que el subconsciente traducirá en su equivalente físico un impulso de pensamiento de naturaleza negativa o destructiva con tanta facilidad como actuaría con pensamientos de naturaleza positiva o constructiva. Esto explica el extraño fenómeno del porqué millones de personas experimentan el denominado infortunio o mala suerte.
Hay millones de personas que se creen (se han autoconvencido, o se han dejado convencer) que están condenadas a la pobreza y al fracaso por culpa de una fuerza extraña que creen no pueden controlar y no se dan cuenta que en realidad, son ellos mismos los creadores de su propio infortunio a causa de esas creencias negativas que han adoptado en su subconsciente y que la mente adopta y traduce en su equivalente físico.
Deseo que esta lectura lo convenza de que éste es el momento perfecto para que usted entienda y asimile en su subconsciente que la mala suerte y el fracaso no existen como algo determinante en la vida de alguien. El fracaso es un estado temporal. No se empeñe en hacerlo crónico. Convénzase de que usted puede cambiar su vida transmitiendo a su subconsciente cualquier deseo que quiera hacer realidad, ya sea un estado monetario, de esperanza o convicción de que la transmutación de algo será una realidad. Su convicción o su fe, determinan la reacción de su subconsciente. No hay nada que le impida sugestionar a su subconsciente al darle instrucciones a través de la autosugestión.
Para llevar a cabo estos actos de “prestidigitación” con su subconsciente, compórtese tal como lo haría si ya estuviera en posesión de lo que quiere alcanzar, de lo que está pidiendo. Su subconsciente traducirá en su equivalente físico, por el medio más práctico y directo, cualquier orden que se le de en un estado de fe y de convicción.
Es esencial que usted estimule sus fuerzas positivas como fuerzas dominantes de su mente y quite importancia y elimine las emociones negativas.
Una mente dominada por emociones positivas se convierte en morada ideal de la fe. Una mente dominada puede voluntariamente darle al subconsciente instrucciones que éste ejecutará de inmediato.


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