La primera revista de autoayuda y crecimiento personal de Venezuela
Edición No. 110





 

 


Las trampas del ego
en la sociedad actual

Ernesto Marrero Ramírez
www.ernestomarrero.com
ernestomarreroramirez@yahoo.es

Según el psicólogo suizo Carl G. Jung, el ego es considerado el punto focal de la conciencia, es el que expresa nuestra razón de existir, así como el sentimiento de identidad personal. Aunque a un nivel coloquial utilizamos dicho termino para referirnos a un exceso de autoestima.
Para Jung el ego se sitúa entre dos mundos, el exterior y el interior, y su principal función es adaptar esas dos realidades. Entre el mundo exterior y el ego se encuentra la persona o la cara pública del individuo. El termino persona proviene del latín máscara y va a representar el rol que ejercemos a nivel social, es como el papel que tenemos dentro del teatro que la vida representa, algunos como abogados, otros como ingenieros, otros como artistas, a veces como padre de familia, etc. En sí es una imagen externa, es decir la forma que representa nuestras apariencias. Entre el ego y el mundo interior se encuentra la sombra, que es un término que representa el mundo oculto que habita dentro de nosotros (tanto las cualidades como las debilidades), y que se muestra a nivel reflejo o inconsciente, a través de ciertos actos que realizamos.
En el análisis jungiano se hace una importante separación entre el Ego y el Self o Sí mismo. El primero es externo y va a divagar entre la vida social aparente y los impulsos del inconciente. En cambio el Self, es un principio de unidad o equilibrio entre el conciente y el inconciente, donde la razón puede actuar de acuerdo a las emociones, sin generar conflictos entre lo que pensamos y lo que sentimos, y de esta forma crear una personalidad equilibrada y coherente.
Los pensamientos lógicos-razonales del hombre, parecen mantenerse en un estado de tranquilidad mientras las emociones no lo alteren. Así pasa cuando analizamos una situación desde un ámbito externo, y parece que conseguimos todas las soluciones, es como un juego de ajedrez visto desde afuera; pero cuando esta situación se le presenta al espectador, las emociones emergen desde lo profundo de nuestra mente y tendemos a quedarnos miopes al respecto, tomando en muchas ocasiones determinaciones, de las que luego nos arrepentimos. Pero querámoslo o no, estamos obligados a decidir afectados por estos impulsos emocionales que emergen de nuestro inconciente (sombra jungiana), que en muchos casos nos hace tomar el camino equivocado. Y claro está que mientras mayor armonía exista entre el conciente y el inconciente, mientras más nos hayamos conocido profundamente, nuestra respuesta será la más sabia.
Ahora vamos a analizar el término ego desde el punto de vista de la filosofía oriental, donde lo encontraremos como un concepto arraigado hacia una personalidad aparente e ilusoria, que tan sólo va a convertirse en estorbo para el camino del autoconocimiento. Así lo explica el sagrado libro de los yoghis el Bhagavad Gita:

El hombre que abandona el orgullo de posesión, libre del sentimiento del yo y de lo mío, alcanza la paz suprema.

Esta actitud del hombre de aferrarse de lo externo y tomar por sentado el rol que ejerce en extremo, genera dentro del individuo el ego exacerbado y éste a su vez se adhiere al deseo, queriendo acumular y acaparar cada vez más cosas de este mundo, o simplemente apegándose a las ideas o a los demás individuos. Así lo vuelve a explicar el Bhagavad Gita en la siguiente expresión:

Pero aquél que, manteniendo todos sus sentidos bajo control y libre de apego, se entrega al camino del Karma Yoga, de la acción sin apego, éste es un gran hombre en verdad.

Este apego genera por ende sufrimiento o dukkha, esta es la premisa que va a soportar la filosofía budista que se sustenta básicamente en las cuatro nobles verdades.
La primera habla sobre el sufrimiento que el hombre vive en esta vida, la segunda se refiere al deseo como el factor que origina el sufrimiento, la tercera indica que existe la forma de liberarse del sufrimiento y la cuarta explica cual es el camino para liberarse de éste.
Visto ya el ego desde diferentes concepciones, vamos a abordar más a fondo el concepto de persona, que como vimos anteriormente es la cara publica del individuo, es como un tipo de compromiso entre la individualidad de cada quien y las expectativas de los demás, en sí es el rol que optamos por llevar dentro de la sociedad, por lo tanto es como una especie de disfraz o manto protector, entre lo que realmente somos (ese ser interno y vulnerable que habita dentro de nosotros) y lo que mostramos ante los demás. En sí, va a constituir el soporte de la vida social.
El rol que la persona ejerce durante el ejercicio del día a día, le va a permitir participar activamente y ser reconocido como un ente social, de esta forma lo indicó el filósofo alemán Friedrich Hegel: Se persona y respeta a los demás como personas. Pero esto a su vez puede convertirse en una acción que va ser provechosa o nociva para el individuo. Y así sucede en muchos casos; cuando la persona se fusiona o se identifica demasiado con ese rol, causa una desviación de lo que es realmente por dentro. En esa situación, el ego puede verse identificado exclusivamente con esa imagen, adormeciendo y ocultando los otros roles o facetas sociales que también se pueden ejercer. Este hecho lo denomina Jung: inflación. Y para combatir estos síntomas, el sujeto es llevado a reencontrarse con los demás aspectos de su personalidad, a este proceso se le llama: deflación.
Este es el caso típico de los políticos o poderosos empresarios que son aconsejados por asesores de imágenes y a la vez rodeados de aduladores, quienes hacen que estos se aferren cada vez más al cargo que manejan. También se ve en ciertos artistas, que de la noche a la mañana se hacen millonarios y terminan desviándose hacia el mundo de las drogas o de las aberraciones sexuales, para tratar de saciar el vacío que se les presenta internamente.
En la sociedad actual encontramos un gran porcentaje de personas ejerciendo roles equivocados, que en su momento tuvieron que decidir; muchos empujados por las mismas exigencias sociales y otras simplemente por copiar esquemas errados de otras personas, ya sea por un patrón familiar o por un simple modismo.
Este hecho ha generado un proceso de descomposición social, donde los individuos tratan de saciar esa sed de encontrar el verdadero sendero para caminar, refugiándose en el simple deseo de la acumulación de dinero; cuyo verdadero fin es lubricar la economía y permitir el intercambio de bienes para saciar necesidades, pero no es en sí un fin de vida, ya que éste continúa dejando el agujero que origina la falta del autoconocimiento.
El ego nos hace pensar más en el interés personal que en el beneficio universal. Tal vez en este momento esté muriendo decenas de niños africanos de hambre, o la Tierra se esté desmoronando por el proceso de contaminación, pero a nosotros nos preocupa más el dinero que hay en el banco, a dónde vamos a salir el fin de semana, o un pequeño dolor de estomago que provino de una indigestión, porque en la noche anterior cenamos demasiado.
Un acelerado ritmo de vida, también ha incrementado el porcentaje de humanos que simplemente viven el día a día sin tomarse un tiempo para reflexionar y, retomar el derrotero que en algún momento tuvieron que dejar, o que simplemente no han tenido la oportunidad de iniciar. Esta situación ha creado seres sociales más inseguros de si mismo, que utilizan con mayor frecuencia la mascara externa, y que temen profundamente quitársela para verse internamente, otras han tenido que enfrentar obligatoriamente este proceso de desenmascaramiento por presentar problemas de tipo psicológico, como estrés, neurosis o psicosis, y al empezar a encontrarse, reorientan sus hábitos de vida y logran por consecuencia equilibrarse.
A medida que se alimenta más el ego tiende a fortalecerse, creando así una estructura densa y blindada, que cada vez es más difícil vencer. El apegarse al cuerpo y a la imagen que éste pueda proyectar, a la nacionalidad, el sexo, la cultura, el nombre, el extracto social y otras característica externas, van a nutrir al ego creándole una imagen idealizada, que tiende a expresar respuestas negativas como vanidad, orgullo, ambición, egoísmo, resentimientos y otros vicios mentales similares.
Realmente somos manifestación clara de nuestros pensamientos y por ende, pensamientos desequilibrados hacen de nuestra vida un devenir de conflictos y un constante caminar en círculos, sin saber que queremos ni hacia donde vamos. Con este desequilibrio el ego surge tendiéndonos frecuentemente trampas, en las cuales caemos sin poder escaparnos. Y atrapados en esta serie de falsedades llevamos una vida vacía y aparente, llenándonos por fuera y vaciándonos por dentro. Es por lo tanto ahora el momento de tomar conciencia de que el único camino hacia la liberación de las cadenas del ego es el autoconocimiento, sólo así podremos detectarlo cuando se presente y evadir sus trampas. Entonces seremos capaces de encontrar el verdadero estado de claridad mental… la paz.


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