La primera revista de autoayuda y crecimiento personal de Venezuela
Edición No. 84

 






Piensa positivamente y serás un triunfador
Luz Stella Rozzo

Los pensamientos son herramientas muy poderosas cuando se combinan con la exactitud del propósito, la perseverancia y un imperioso deseo de convertirlas en riqueza, o en otros objetivos materiales.
Voy a darles un ejemplo de lo que se puede hacer con un pensamiento bien encaminado. Edward C. Barnes, contemporáneo del gran inventor Edisson, descubrió que es una realidad irrebatible el hecho de que las personas que piensan adecuada y consistentemente, se hacen ricas. Su descubrimiento no surgió de pronto, sino que fue apareciendo poco a poco, empezando por un ferviente deseo de llegar a ser socio de Edisson.
Una de las características de este deseo, es que era imperioso. Consideraba que era preciso hacer esa sociedad. Quería trabajar con Edisson, no para él. Observa querido lector, la descripción de cómo fue convirtiendo su deseo en realidad, y tendrás una mejor comprensión de los principios que conducen al triunfo, al éxito y a la prosperidad: la riqueza.
Cuando esta idea apareció por primera vez en la mente de Barnes, él no estaba en condiciones de actuar según ese deseo o impulso del pensamiento. Dos obstáculos se interponían en su camino. No conocía a Edisson y no tenía suficiente dinero para pagarse el pasaje en tren hasta donde se encontraba Edisson. Estas dificultades hubieran bastado para desanimar a cualquiera en el intento de llevar a cabo su deseo. ¡Pero el suyo no era un deseo ordinario! Era un deseo como deben ser los nuestros cuando queremos triunfar.
Barnes se presentó en el laboratorio de Edisson y anunció que había ido a hacer negocios con el inventor. Hablando de su primer encuentro con Barnes, Edisson comentó años más tarde:” Estaba de pie ante mí, con la apariencia de un vagabundo, pero había algo en su expresión que transmitía el efecto de que estaba decidido a conseguir lo que se había propuesto. Yo había aprendido tras años de experiencia que cuando una persona desea algo tan imperiosamente, está decidido a apostar todo su futuro a una sola carta para conseguir lo que se ha propuesto, eso le asegura el triunfo. Le di la oportunidad que me pedía porque vi que él no estaba dispuesto a ceder hasta no obtener el éxito. Los hechos posteriores demostraron que no me equivoqué”.
Por esta descripción podemos darnos cuenta que no pudo ser el aspecto del joven lo que le proporcionó su comienzo en el despacho de Edisson, ya que ello estaba definitivamente en su contra. Allí lo que realmente fue importante y contó, fue la manera como él pensaba.
Barnes no consiguió la asociación con Edisson en la primera entrevista. Obtuvo la oportunidad de trabajar para Edisson en su despacho con un salario insignificante. ¡Lo aceptó sin dudar!.
Esto nos enseña que no debemos desdeñar las oportunidades que nos conducen al triunfo. La mayoría de las veces el triunfo no nos viene en una bandeja de plata. Los contratiempos sirven para “templar” nuestro acero, fortalecer nuestra decisión.
Transcurrieron los meses. En apariencia, nada había sucedido que se aproximara al codiciado objetivo que Barnes tenía en mente como su propósito inicial y preciso. Pero algo importante estaba sucediendo en los pensamientos de Barnes: intensificaba constantemente su deseo de convertirse en socio de Edisson. Los psicólogos dicen que “cuando uno está realmente preparado para algo, ese algo sucede o aparece”. Al igual que en el mundo espiritual: “cuando el alumno está preparado, aparece el maestro”.
Barnes se hallaba listo emocional y mentalmente para esta asociación y además estaba dispuesto a seguir en el trabajo que tenía, hasta conseguir su objetivo.
Otra persona hubiera permitido en su mente pensamientos como este: “Vaya, no hay manera, supongo que tendré que cambiar de idea, probaré mejor la búsqueda de un trabajo en otra parte”. En cambio Barnes, reforzaba la materialización de su pensamiento maestro con pensamientos, ideas y frases como estas: “He venido aquí a asociarme con Edisson y eso es lo que haré, aunque me tome para ello el resto de mi vida”. Estaba decidido.
Esto nos enseña que en muchas de nuestras historias, el cuento sería diferente si hubiéramos adoptado un propósito definido y hubiéramos trabajado en él, obstinadamente y con constancia e inteligencia hasta obtener los resultados que inicialmente buscábamos.
Cuando la oportunidad surgió para Barnes, apareció de una manera diferente a como él la había pensado o esperado. En esto también tenemos que aprender que nunca la respuesta viene vestida en el mismo color o figura que nosotros habíamos creado en nuestra mente, pero que tenemos que aprender a reconocerla para aceptarla y no cometer el error de desecharla porque no era exactamente como lo habíamos pensado, en lugar de darnos cuenta que es el camino, o la herramienta, o la señal para conducirnos exitosamente al final.
Por otra parte, muchas veces se presentan pequeños obstáculos como queriendo probar nuestra fe y nuestra constancia. Entre mayor cantidad de obstáculos e inconvenientes salvemos, mayor y más reconfortante será el triunfo.
Nunca debemos caer en eso de que “a mí siempre me cuesta trabajo lograr algo”. ¿Por qué será que tengo que luchar tanto para alcanzar algo? Esa es la ley de la vida. Las cosas no se nos presentan siempre en bandeja de plata.
La oportunidad es caprichosa. Muchas veces se presenta por la puerta de atrás y tenemos que estar atentos para abrirla también. Porque muchas veces la oportunidad viene disfrazada con la forma de infortunio o de frustración temporal.
Edisson acababa de perfeccionar un nuevo invento conocido en aquel entonces como la “máquina de dictar de Edisson”. Sus vendedores no mostraron mucho entusiasmo por él. Barnes supo inmediatamente que él sí podría vender “la máquina de dictar de Edisson”. Se lo sugirió a Edisson y de inmediato obtuvo su oportunidad. Vendió la máquina con tanto éxito que su inventor le dio un contrato y la exclusividad para venderla por toda la nación.
A partir de aquella asociación, Barnes se hizo millonario, pero también demostró que uno puede pensar y hacerse rico si sigue persiguiendo su sueño o su idea, sin desmayar.


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