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Tantra:
Sexualidad sagrada
David
J. Suárez Dorta
dsdorta@hotmail.com

En
nuestra cultura occidental, especialmente desde que la religión
cristiana se hizo con el monopolio de las creencias, el sexo se
demonizó asociándolo con lo negativo, lo pecaminoso,
lo mundano y todo lo contrario a la espiritualidad o lo sagrado,
y tan sólo se veía lícito su uso con fines
procreativos. Sin embargo el pueblo practicó el sexo para
satisfacer sus apetitos a pesar de las promesas condenatorias
para quienes lo hicieran, asociándose a su práctica
un sentimiento de pecado y de culpa que aun hoy arrastra nuestra
sociedad.
En el lejano Oriente, concretamente en la India, ocurría
todo lo contrario, el sexo como cualquier otra actividad de la
vida era experimentado de manera consciente, y el fruto de esa
experiencia se dedicaba a acercarse más a la divinidad.
Cualquier acto de la vida debía vivirse intensamente desde
las prácticas religiosas, pasando por el trabajo, el ocio
y cualquier actividad doméstica, sacando de ellos toda
la experiencia posible. No existía nada negativo, el único
mal era no vivir con consciencia.
Pero en concreto el acto sexual se convirtió en toda una
vía de misticismo, con complicados rituales y protocolos
preparatorios. A este camino en la India se le llamó Tantra,
que significa unión. Y ese es el objetivo de este camino,
enlazar la materia con el espíritu, lo que está
abajo con lo que está arriba, y en esa unión transformarse
en algo nuevo, de ahí que en la iconografía tántrica
se encuentre plagada de referencias a la muerte y a su diosa Kali,
pues la muerte es el paso necesario para un nuevo nacimiento o
nuevo estado. El acto sexual tántrico se divide en dos
tipos dependiendo de su objetivo. El primero, el procreativo,
aquel que tiene por fin concebir y perpetuar la especie. El segundo
objetivo es despertar las fuerzas creativas que cada ser humano
tiene dormidas, que se denomina Kundalini y esta fuerza a su vez
despierta los centros psíquicos o chacras. Si bien ambos
tipos de relación se realizan de igual modo, con la misma
carga emocional y de consciencia, pero su objetivo final no es
el mismo.
En las escuelas tántricas existía todo un protocolo
para las parejas que se iniciaban en sus prácticas. El
primer paso era que el individuo conociera profundamente su cuerpo,
y que desde luego no sintiera vergüenza o miedo de ninguna
parte de él. Luego de que cada miembro de la pareja se
conociera, tenían que conocer el cuerpo del otro, las primeras
semanas el conocimiento era sólo visual, y cuando el maestro
o Gurú reconocía que la pareja tenía la suficiente
pureza de mente y alma comenzaban a tocar sus cuerpos, explorándolos,
sintiendo la energía que circundaba por ambos. Cabría
destacar que cada vez que sentían un impulso sexual se
les enseñaba a transmutarlo, fundamentalmente con técnicas
respiratorias y mantras, con el doble fin de eliminar toda pasión
animal a la vez que sublimaban la energía sexual, la cual
posee el poder de crear la vida, canalizando esa energía
con el fin de crear o reconstruir su alma. Después se pasaba
al coito; éste comenzaba de manera lenta, suave, viviendo
cada movimiento, cada contacto. Luego se iban entrenando en diferentes
posturas, cada una de ellas con un fin, como podía ser
desde la curación de un órgano del cuerpo o el desarrollo
de alguna faceta espiritual. Pasado bastante tiempo de práctica,
se producía el éxtasis, una percepción en
la que se sentían ambos como un solo ser, y en el que experimentaban
la conciencia divina. También aprovechaban la energía
que se iba liberando para eliminar o transformar algún
defecto, trauma, o problema ya fuera individual o común
de la pareja. Hay que resaltar que en esta forma de sexualidad
la mujer pasa a ser un elemento activo, y en muchos casos es ella
quien marca la pauta, el ritmo en la relación. Y lo más
importante es que la búsqueda del éxtasis es común,
los dos disfrutan de esta experiencia, eliminado el machismo que
ha predominado en el sexo desde siempre.
Estas técnicas se practicaron desde hace milenios y se
extendieron por el resto de oriente, en China se conocen como
Alquimia Taoísta, y configuran todo un sistema especialmente
enfocado a la salud y la prolongación de la vida. En el
budismo tibetano se convirtió en todo un camino de iniciación
esotérica, y se pueden apreciar cientos de imágenes
de dioses, diosas y budas en posturas sexuales simbolizando diferentes
grados de unión con la divinidad.
Pero también en occidente existió este conocimiento
sólo que oculto, reservado a los ojos inquisitivos de las
religiones, y muchas veces su iconografía se podía
encontrar en forma simbólica en las propias iglesias y
catedrales. Pero fundamentalmente es en la tradición Alquímica
donde podremos encontrar mayores referencias, en los grabados
de varios tratados como el Mutus Liber o el Vidriarium Quimicum
donde se pueden apreciar escenas semi-eróticas en las que
al final se llega a la creación de un ser con ambos sexos
como símbolo de la unión profunda e íntima
de la pareja y de la realización final de la alquimia,
la creación de una nueva sustancia, el elixir vitae, también
llamado elixir de la larga vida o piedra filosofal, aquélla
que curaba las enfermedades y prolongaba la salud y la vida.
Pero además existen en occidente otras tradiciones donde
encontramos principios similares a los tántricos, por ejemplo
la tradición hebrea. Para ellos la sexualidad también
es un medio de llegar a Dios, y cuentan con complicados rituales
para la ejecución del acto sexual, de hecho un requisito
básico para ser rabino es estar casado, como símbolo
de que se trabaja con las fuerzas creadoras, estando así
en contacto con la divinidad. También en el Islam, especialmente
entre los sufíes y derviches se considera el sexo como
un camino hacia la experiencia divina.
Pero a pesar de que el cristianismo hizo su cruzada contra el
sexo, primero entre el clero y luego hacia todos los creyentes,
no fue así desde los albores de esta religión. Lo
primero es que casi todos los evangelistas estaban casados, incluyendo
a San Pedro, el primer Papa. Las prohibiciones al clero hacia
el matrimonio aparecen a partir del año novecientos de
nuestra era, antes de eso lo normal es que estuvieran casados,
y de hecho sólo el catolicismo obliga al celibato, el resto
de congregaciones cristianas como la ortodoxa, la copta, veterocatólica,
etc., no lo hace. Pero si estudiamos la gnosis, rama esotérica
del cristianismo de los primeros siglos de nuestra era, y sus
evangelios como el de Tomás, María Magdalena o el
de Felipe, podemos leer claramente como el sexo no es algo negativo,
sino que el propio Jesús exhorta a su práctica con
espíritu de pureza como un medio más para llegar
al padre. Pero en la propia concepción de Jesús,
realizada por obra y gracia del espíritu santo, se nos
habla de una concepción producida con pureza, con amor
divino, de la cual surgió un ser evolucionado y puro, con
un nivel de consciencia superior a lo normal, tal como enseñan
los textos tántricos y taoístas a la hora de concebir
desde una óptica espiritual.
Pero siquiera que en la tradición occidental lo referente
a la sexualidad sagrada quedó en depósito de unos
pocos iniciados y en grupos de carácter esotérico,
especialmente por las persecuciones y rechazo de que fue objeto,
se tuvo que esperar a la segunda mitad del siglo XX para que se
tradujeran los textos clásicos del tantrismo y el taoísmo,
dándose a la luz en occidente, teniendo desde el primer
momento una aceptación notable en nuestra sociedad. Hoy
son muy comunes en cualquier librería libros que aborden
esta temática, e incluso se ha caído en que el mercado
editorial aprovecha el tirón del tema para publicar obras
sobre sexualidad que responden a cualquier argumento menos al
tantrismo.
Quizá esta nueva forma de amar más pura, más
sublime y espiritual nos ayude en occidente a erradicar los sentimientos
de culpa e ignorancia en torno al sexo, y equilibrar el otro lado
de la balanza ya que después de casi dos mil años
de cruel represión se ha caído en el libertinaje
irresponsable en el que se puede perder toda posibilidad de vivir
una sexualidad al servicio del amor.
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