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TERAPIA
AURA-SOMA: LA SANADORA
VOZ DE LOS COLORES

Carmelo Urso
entiempopresente3@gmail.com
Hace algunos años, una Voz espiritual reveló
a la inglesa Vicky Wall una terapia llamada Aura-Soma. Con
ella, más de un millón de personas han hallado
el camino de la salud en todo el planeta. Lo singular de este
método de sanación es que se basa en los colores
¡y Vicky estaba ciega cuando canalizó sus fundamentos
teóricos, prácticos y espirituales! A continuación,
su historia
Una niña genial, un padre cabalista y una mala madrastra
Vicky Wall era la séptima hija de su padre, que a su
vez también había sido séptimo hijo.
En la mística judía, este hecho se considera
un poderoso augurio, pues se piensa que el séptimo
hijo de un séptimo hijo resultará un individuo
muy especial. En el caso de Vicky, el tiempo corroboraría
plenamente este aserto.
Corría la segunda década del siglo XX. Vicky
y su padre, ingleses de ascendencia judía, paseaban
diariamente por el campo. Buscaban plantas para curar sus
enfermedades y las de sus amigos o parientes. El padre, que
practicaba la meditación cabalística, identificaba,
a través de su talento espiritual, cuáles plantas
eran idóneas para el dolor de cabeza, el malestar estomacal
o cualquier otra dolencia. La hija estaba dotada de una poderosa
intuición que, día a día, el padre se
ocupaba de estimular y entrenar.
"Tráeme una planta que cure la tos". "Consigue
una hojas para aliviar el dolor de garganta". "Halla
una flor cuya infusión mitigue el malestar estomacal":
la pequeña Vicky cumplía estas órdenes
sin otra herramienta que sus dotes intuitivas. Casi siempre
acertaba.
Padre e hija tenían una relación muy estrecha,
especial. Sin embargo, un día las cosas cambiaron.
Vicky quedó sin madre. Poco después, su progenitor
contrajo segundas nupcias, buscando mamá substituta
para sus hijos. La madrastra resultó tener un carácter
demasiado duro
¡y atormentaba a Vicky con sus
excesos físicos y verbales! Después de cumplir
los 13 años, Vicky se vio obligada a escapar a casa
de una amiga.
Un segundo entrenamiento y una ceguera muy particular
El papá de su amiga era dueño de una farmacia.
En ella, Vicky aprendió a preparar toda clase de fórmulas
y pócimas. A la par de su entrenamiento farmacéutico,
sus facultades espirituales seguían desarrollándose.
A veces, cuando se le pedía un medicamento, Vicky dejaba
correr su intuición, y sin saber cómo, preparaba
una panacea. Abundaban los clientes agradecidos. Más
adelante, Vicky estudió fisiatría, reflexología
y fue la primera mujer inglesa en recibir el título
de osteópata.
Llegado el momento, contrajo matrimonio
pero la unión
resultó un estrepitoso fracaso. No tuvo hijos. Su vida
familiar no volvió a ser feliz, como en aquellos lejanos
días de infancia que compartió con su padre
el cabalista.
Con el paso de los años, diferentes problemas de salud
la aquejaron, especialmente hipertensión y diabetes.
Tales complicaciones desembocaron en la pérdida física
de la visión. No obstante, Vicky padecía una
ceguera muy particular: podía sentir los colores y
ver el aura de las personas...
A dividir las aguas
¡y los aceites!
En 1984, Vicky Wall había cumplido 66 años.
Su vida transcurría sin demasiadas expectativas ni
sobresaltos.
Sucedió una noche. Mientras hacía la meditación
cabalística que su padre le había enseñado
tantos años atrás, Vicky tuvo la espléndida
visión de un arcoiris. De pronto, una Voz le dijo lacónicamente:
"Tienes que dividir las aguas". "¡Ay!",
pensó Vicky, "ahora, aparte de ciega, me estoy
volviendo loca. Resulta que escucho voces". Durante tres
noches seguidas, la visión del arcoiris y el imperioso
mandato la Voz se repitieron.
La Voz empezó a instruirla de manera amorosa. Noche
a noche, Vicky canalizaba peculiares recetas, que preparaba
mezclando esencias vegetales y minerales. Vicky envasaba estas
fórmulas en viejos frascos de colonia. La mitad superior
de cada frasco contenía un líquido aceitoso
de color que flotaba sobre una segunda capa de otro color
cuya base era acuosa. Al agitarlos, se formaba, por un instante,
una breve emulsión que contenía exactamente
50% de agua y 50% de aceite. Cada uno de ellos tenía
un nombre: "Rescate Espiritual", "Frasco de
la Paz", "Frasco del Corazón"
Vicky comenzó a vender sus "joyas" -así
llamaba a los frascos- en ferias callejeras. Lo que más
llamaba la atención de las personas eran los vívidos
colores, hermosos matices que la señora Wall no podía
percibir con la vista de los ojos, pero sí con la visión
del Espíritu. Vicky no tenía la intención
de expenderlos como productos medicinales sino como objetos
decorativos. Las ventas prosperaron: resultaba que los entusiastas
compradores regresaban buscando tal o cual emulsión
porque se habían curado de migraña, pie de atleta,
hipertensión, e incluso, cáncer. Ahora, Vicky
sabía el por qué y el para qué de los
frascos.
Nacimiento de la Organización Aura-Soma
Por esa época, Vicky Wall conoció a Mike y Claudia
Booth, con quienes estableció una estrecha comunión
afectiva y espiritual. Durante siete años convivieron,
hasta la muerte de Vicky acaecida en 1991. En ese lapso, con
la asistencia de la Voz, los tres desarrollaron el cuerpo
teórico y práctico de la disciplina terapéutica
que hoy conocemos como Aura-Soma. Además, establecieron
una organización, con sede en Inglaterra, Australia
y Estados Unidos, la cual forma a terapistas especializados
y elabora diversos productos.
Gracias a Vicky Wall, hoy podemos elegir el color que nos
sane. En su caso, fue la Voz Sanadora del Color quien la eligió
a ella como instrumento para el mejoramiento físico
y espiritual de sus semejantes.
Plegaria para un matiz sanador
Hace algunas décadas, Vicky Wall tuvo el privilegio
de canalizar la sutil Voz del Creador, ofrendando una amorosa
técnica terapéutica a la Humanidad. A ella,
y a todos los que se han beneficiado con el Aura-Soma, queremos
honrarlos con esta plegaria, dirigida a despertar en nosotros
las cualidades sanativas de los colores. Sería ideal
que en cada parte de esta oración te detuvieras un
momento (o el tiempo que estimes necesario) visualizando cada
matiz, cada intención espiritual que te brindamos a
continuación:
Amado Creador (o como desees llamarle):
Ante ti me postro, arrobado de gratitud,
Por este mundo lleno de matices
Que mis ojos tienen la dicha de amar y contemplar
Bendíceme con la energía del blanco
-suma de todas las tonalidades-
Para que ilimitadas vías de sanación se abran
a mi Vida
Avívame con la energía del rojo
Y enciende en mí la pasión por disfrutar y enaltecer
Cada segundo de salud que me brinda la existencia
Dótame con la energía del amarillo
Para que la áurea luz de Tu abundancia
Colme de milagros mi cotidiano vivir
Capacítame con la energía del verde
Para ser próspero en cada iniciativa,
Como rama que rebosa de follaje y fruto
Que Tu gracia también me impregne
Con el suave azul de la devoción, el cálido
rosa de la fertilidad
Y el fuego violeta de la armonía
Permíteme, en fin, recorrer
El vasto arcoiris de tus creaciones,
Para así develar en cada sagrado matiz
Tu más íntima y preciada Naturaleza
Amén.
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