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Una
carta para Dios
Silvia Peña

Padre
aquí estoy, sintiendo, viviendo, amando, permitiéndome
ser feliz, porque eso es lo que tú quieres para mí.
Al fin lo entendí, me costo horas de sufrimiento y dolor,
momentos donde creí que me habías abandonado al no
ver tus huellas al lado de las mías mientras transitaba mi
camino, entendí que en los momentos mas difíciles
me cargabas en tus brazos muy cerquita de tu corazón para
apoyarme con tu amor a seguir adelante.
Que difícil se hace el camino cuando se transita solo, pero
lleno de mucha luz. Es ese faro de luz que encendiste dentro de
mi ser, lo que me mantuvo viva siempre, buscando mas allá
de lo natural y humano, pues en muchos momentos he sentido que no
pertenezco a este lugar, lo que si tengo claro es que algo muy importante
para ti he venido a cumplir.
Fueron momentos de no entender, de muchas preguntas, donde las respuestas
no llenaban el vacío de sentirme lejos de casa.
En algún momento dudé y me revelé, no quería
escuchar la voz de mi conciencia y de mi corazón.
Hoy por hoy comprendo tu paciencia, el mantenerte a mi lado dándome
señales a través de personas y experiencias. He aprendido
que la vida es fácil y esta hecha de cosas simples, sencillas;
donde el estar alerta nos permite disfrutarlas en plenitud y goce.
Mi corazón esta lleno de alegría y paz porque tu formas
parte de él, estas en él, guiándome para ser
cada día mejor y digna de tu amor.
Gracias por permitirme SER tu hija y darme la misión de ayudar
a que otros despierten y te reconozcan, para que encuentren su luz
y su camino de regreso a casa.
La vida es aquello que te va sucediendo,
mientras tu te empeñas en hacer otros planes.
¡Piénsalo
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